Misiones, Jueves 16 de febrero de 2017

A poco más de un mes de cumplir 72 años Armando ‘Paiuia’ González rememora su época dorada en el futbol candelariense y misionero. Los recuerdos se mantienen vivos en su corazón y en el reconocimiento a quienes le abrieron las puertas al deporte más popular.

Su apodo lo acompaña desde la infancia, pero en la cancha lo llamaron Estampilla González a causa de la potencia de su disparo, además de ser catalogado como uno de los mejores defensores en su época.
“El fútbol me dio grandes satisfacciones, yo les daba todo al fútbol y a mi familia. Mis grandes amigos los hice en el fútbol, la mayoría ya no está, como don Jaime Amiel, quien fue mi padre del fútbol, el nos juntaba a toda la muchachada frente a su negocio y nos hablaba, realmente fue un gran ser humano; de ellos he aprendido la humildad, el respeto y la responsabilidad. En aquellos tiempos, Candelaria era una gran familia, nos cuidábamos entre todos”, valoriza.
El Club Atlético Candelaria se fundó apenas cinco años antes de que naciera González: “Empecé de muy chico, tenía 14 años y ya jugaba el fútbol profesional, era muy conocido al poco tiempo, pero nada hacía que perdiera el origen de pibe de mi pueblo. Candelaria fue mi cuna y será mi tumba. A veces pienso que hay que incentivar a la juventud a hacer cosas que los mantengan unidos, que les permita conocerse más uno al otro”.
Mientras dialoga con El Territorio, Paiuia hojea los recortes de las notas que le hicieron los diarios y los cuadernos con escritos de sus fanáticos.
Por otra parte, pidió que empresarios se interesen en invertir para apoyar a Atlético Candelaria y pueda resurgir como en sus épocas doradas: “Antes teníamos gente como Lagier, Amiel y muchos empresarios más que invertían”.
Pero no sólo el dinero pone en movimiento la maquinaria, al punto de que, por iniciativa del propio Estampilla, el polideportivo municipal fue bautizado Polaco Elías y Elsa Alegre, en honor de los históricos utilero y lavandera del club.
Doña Elsa realizaba el trabajo ad honorem y con la que más trabajaba era con la de González, para la cual preparaba un blanqueador a base de estiércol de vaca mezclado con ceniza. 
“Ella falleció hace unos siete años y pudo disfrutar en vida el homenaje”, señaló González, quien tiene en mente dos propósitos: escribir un libro (proyecto que ya está en marcha) y agasajar a uno de los hombres que también formó parte del club, muy querido y conocido en el pueblo, Juan ‘Garrincha’ Nacimiento, el cual está muy enfermo, “y ojalá pueda recibir la colaboración de la gente de nuestra época y la actual para realizar ese homenaje”.